• Marisa cree que su pareja le atacó por estar enfermo y no por su condición de mujer
  • «El problema de la Ley es que no contempla que detrás de muchas agresiones hay enfermos mentales», dice
  • «Si Vox no protegiese a la mujer, yo no estaría en Vox», subraya

 

Marisa tiene grabada a fuego aquella noche de terror doméstica. 27 de agosto de 1986. Tres de la mañana. El llanto de un bebé despierta a esta cuidadora de ancianos en el madrileño barrio de San Blas. La mujer mece a la criatura y se dirige a la cocina para calentar una papilla. Su lloro es tan fuerte que ella no escucha los pasos del monstruo. De Eduardo. Un padre ausente, sin oficio, con trastornos psíquicos y que siempre aparecía con el perfume del JB. Ella esperaba sus insultos. O una paliza como meses atrás. Pero esa noche, el hombre quería más: «Vengo a matarte, hija de puta», le gritó. La hija de Marisa de un primer matrimonio, pues Eduardo era su segunda pareja, se interpuso y fue la primera apuñalada. A Marisa le alcanzó cinco veces. En la tripa, en la ingle, en la arteria femoral…

«Yo no sabía que me estaba apuñalando. Notaba fuertes golpes, pero cuando vi las paredes llenas de sangre noté que la vida se me iba», relata la mujer de 64 años hoy desde su piso de Vallecas. Su «compañero de amores y martirios», como definió al agresor la crónica de El Caso (abajo, el recorte del periódico donde se narraban los hechos con el título «Peor que las bestias»), escaparía por la ventana, pero sufrió un esguince y fue capturado por la Policía, avisada por los vecinos.

El testimonio de Marisa sería uno más de esos tantos desgarradores relatos de mujeres que han sido víctimas de la violencia de género si no fuese porque es activista de Vox y contraria a la ley de violencia de género. Cree ella que «no protege a la mujer».

Su romance con su maltratador no comenzó en un parque. Ni en una discoteca al son de Los Chichos, el grupo que solía poner Eduardo en el radio cassette de su coche. Su flechazo surgió en la sala psiquiátrica del hospital Gregorio Marañón. Él estaba internado superando su neurosis depresiva y ella había caído en una depresión tras romper con su primer marido. Ella era, como su familia, testigo de Jehová y se había casado al poco de conocerle obligada por sus padres con otro miembro de la secta. «Para que no tuviésemos relaciones sexuales antes del matrimonio», dice._

Cuando Marisa conoció a Eduardo tenía 27 años. Él, 24. Se enamoraron superando sus problemas mentales. Pronto se fueron a vivir juntos. «Él al principio no parecía agresivo, pero cuando tuvimos a la niña empezó a serlo. Bebía y tenía cambios de conducta. Empezó a insultarme porque decía que me había ido con otro y de ahí pasó a las manos. El primer episodio ocurrió al año de estar con él. Me pegó un puñetazo y me puso el ojo morado», dice Marisa, que se desplazó hasta la comisaría de Vallecas a poner una denuncia.

«El policía me preguntó qué le había hecho yo, y le conteste que qué le iba a hacer. Me fui llorando por su chulería. Sentí tanta impotencia que ni puse la denuncia», dice. Todavía no estaba en vigor la ley de violencia de género, que habría supuesto el arresto de Eduardo.

-De haber sido víctima de malos tratos ahora esa Ley le habría protegido más, ¿no cree?

-Para nada. Le habrían metido en el calabozo una noche y le habrían puesto una orden de alejamiento, pero como estaba mal psiquiatricamente habría venido a matarme al día siguiente. Esa ley no me habría protegido porque no habría ayudado a curar a mi pareja de su enfermedad, y el problema es que ahora, cada vez que hay un caso de violencia doméstica, siempre se achaca al machismo cuando a veces hay otras razones. Como la enfermedad, el alcohol… No me quiso matar por ser mujer, sino porque estaba mal. Por eso estoy en contra de esa ley, porque mete a todos los casos en el saco de la violencia de género sin analizar las causas.

-¿No cree que esa ley, que lleva aparejada una financiación para sensibilizar a toda la sociedad, habría hecho que el agente le hiciera más caso?

-Eso sí, pero la ley no habría evitado que él me diese cinco puñaladas. El papel de una orden de alejamiento no ayuda contra esos asesinos que son malos de verdad. Sí protege a una mujer de un hombre que no tiene intención de dañarla. Porque la insulta, tienen discusiones de pareja, le dice algunas burradas, pero una orden de alejamiento no protege a la mujer del que tenga en su mente matarla. Si el hombre tiene una esquizofrenia tampoco hace nada.

Eduardo acabó en la prisión de Carabanchel condenado a 12 años._Quemando el colchón de su celda. Marisa y sus hijos (dos de Eduardo y dos de su anterior relación) hicieron vis a vis. «Le perdoné porque me atacó por su enfermedad, que estaba diagnosticada, y porque había dejado el tratamiento. Se arrepintió. Empezó a tener permisos y a beber y acabó muriendo en la cárcel de un edema pulmonar», recuerda Marisa, simpatizante de Vox desde 2015.

En aquel año se le pudo ver portando la pancarta con el lema «La violencia no tiene género», junto a la dirigente de la formación, Rocío Monasterio. El resto de manifestantes comenzaron a increparle. A llamarla «hija de puta». La Policía tuvo que escoltarles. «Esas mujeres que me insultaban cada vez representan a menos mujeres, y muchas de ellas viven de los chiringuitos feministas. No puede ser que estas asociaciones se lleven más dinero que las maltratadas. Antes vivías en la total ignorancia, pensabas que eran necesarias, pero cuando vas tirando del hilo y descubres las ayudas que tienen, cambias de parecer. Algunas feministas se lo llevan crudo y son muy radicales».

-¿Y por qué decidió hacerse de Vox que, según denuncian las feministas, va en contra de las mujeres?

-No es así. Vox quiere proteger a la mujer y a toda la familia, porque hay mujeres que matan a sus hijos o que dejan a las niños sin padres. Si hay denuncia por violencia de género, apartan a los niños de sus padres, aunque sea falsa. Quiero que se proteja a las mujeres, a los niños, a los hombres…, porque hay muchísimas denuncias falsas.

– ¿No se cree el dato de la Fiscalía de que sólo el 0,01% de las denuncias presentadas por maltrato son falsas?

-No. Hay muchas mujeres que por conseguir la ayuda que dan se inventan un maltrato._Hay gente que se ha inventado que su marido le pegaba, ha seguido con él y simplemente era para recibir una ayuda porque no tenían ni para dar de comer a los hijos. O mujeres que se lo han inventado por celos. El lobby feminista controla la Justicia. En mi plataforma Mujeres contra la injusticia tengo a muchos hombres destrozados por denuncias falsas y a maltratadas que están en contra de la Ley porque no las protegió. También tengo compañeras que están dando ellas la paga a la ex mujer para que no metan a su marido en la cárcel. Mi hija está con un hombre separado al que han denunciado y ella le ha tenido que ayudar con su dinero para poder pagar la pensión porque su ex quiere meterlo en la cárcel. No ganaba lo suficiente.

Marisa admite que no hay muchas mujeres maltratadas que apoyan a Vox. «Es por el adoctrinamiento que hay en la actualidad contra Vox… Si el partido quisiera quitar la protección a las mujeres, yo no estaría en Vox», afirma.

Marisa dice que seguirá reclamando una ley intrafamiliar que proteja a toda la familia con independencia del sexo y que analice las causas del problema. «En el caso de mi pareja, él venía de una familia alcohólica y no se le ayudó. La nueva ley debe detectar estos casos y destinar fondos para terapias familiares que ayuden a curarse a los enfermos. No se les debe tratar como bestias. Está llegando muchísimo dinero para subvenciones y la Ley debe ayudar realmente a la maltratada, y si está sufriendo malos tratos que contemple la opción de tener protección policial y un cambio de identidad», dice Marisa desde el salón de su domicilio. Allí un retrato de Eduardo preside la estancia. No le guarda rencor.

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